domingo, 14 de octubre de 2012

Perfil de la perfecta "hetero-flexible"



Dejando las cosas a medias.com, presenta: un instructivo manual acerca de las "hetero-flexibles", las "solo-estaba-probando" o, como a mi me gusta llamarlas: "las calienta-sopas". Porque piden sopa, te piden que la calientes y la prepares para luego no tomarla (eso dicen los chilenos). Todas conocemos a alguna.Todas hemos sentido el cálido deseo de esas mujeres que están fabricadas por qué sé yo qué Diosa del amor desenfrenado, latiendo en su cuerpo y apoderándose de nuestras constantes vitales, para hacernos bailar a su son. Mecen sus caderas como si la cosa no fuera con ellas, inocentes, disfrazadas de amistad pura y casta como Leticia. Para luego, cuando tímidamente nos atrevemos a deslizarnos hacia ellas, a acercarnos a los dos metros que nuestro rubor nos permite, llega la tragedia. "Uy, no sé... debiste confundirte, si eres mi mejor amiga."

Si el problema no es que te pueda llegar a gustar una mujer difícil, inalcanzable. Yo sé que nunca cenaré con Natalie Portman y creedme, puedo vivir con ello y levantarme por las mañanas normalmente. El problema es cuando no se están quietecitas con sus sus juegos de seducción, cuando su bella sonrisa merodea por la habitación mientras inconscientemente se van quitando la ropa: "vaya, ¿de verdad me estoy desnudando? pensaba que mi piel tenía un extraño virus que hacía que se me cayera la ropa..." Y realmente las creemos cuando nos dicen que no se están desnudando, que se les ha desintegrado la ropa en tu mente de depravada. Si alguna vez habéis vivido algo así ya ha llegado vuestra entrada. Pero en fin, aquí os presento, amigos y amigas de la manzana (sobre todo, a mis amigas) un análisis de estas pequeñas pero adorables trampas con piernas y ojos bonitos.

1-La reconocerás porque delante de ti se rie más de lo habitual. Se las ingeniará para que veas lo encantadora que es su sonrisa. Lo hará de forma nerviosa, con chistes y películas malas. De forma poco natural. Y si la encuentras charlando con otras personas, forzará más y más alto.

2- De hecho, es tu mejor amiga, desde quizás no hace mucho, puede que no desde el jardín de infancia. Pero siempre comenta lo especial que eres para ella, te lo hace saber en privado,sobre todo cuando acaban de discutir con su novio. Seguramente se dedique a decirte lo malvado que es, él y todos sus ex, todos juntos de la mano son una panda de desgraciados. Puede que después te diga algo asi cómo: "Oh, yo sería tan feliz con alguien como tú, digo con una chica". Tu alarma salta. Ha abierto el pequeño libro de la esperanza, la puerta hacia el cielo de sus piernas.

4-Y aunque este punto da para mucho, mucho y más, solo vamos comentarlo en ese número 4: el tema de los desgraciados de turno que se acercan a ella. No podrás nunca alcanzar a comprender por qué si tan idiota es aquel novio suyo, por qué, tras horas de películas románticas y tardes depresivas en el salón de tu casa, le viene la gran revelación supina de que tiene que llamarle y volver con él. No importa las veces que haya dicho en tu presencia que es idiota perdido y que nunca, nunca, nunca jamás volverá a verlo. Al décimo episodio de "Anatomía de Grey" y el tercer paquete de Kleenex ya le echa de menos.

5- Se quedan dormidas a menudo en tu presencia y accidentalmente te rozan un seno, un pezón...aunque las oigas respirar igual que si estuvieran despiertas, aunque abran un ojo de vez en cuando...ellas afirman haberse dormido y no les importa que tú estés en la misma habitación. No les parece cruel que pienses en esas tardes de películas en el sofá con cierta ilusión parejil.

6-Probablmente te pidan que les hagas un masaje...les duele mucho la espalda en tu presencia. Sus cervicales se contracturan cuando tú estás cerca, estás segura. De hecho llevan el aceite para masaje en el bolso porque les sucede muy a menudo. 

7- El sofá de tu casa es un agujero negro para ellas...se recuestan dejando el escote visible y, al igual que harían con cualquier amiga de toda la vida, te piden que las abraces. Abrazos para ver una película ñoña, abrazos porque el idiota de turno la dejó, abrazos porque su mamá la ha regañado... Otra combinación posible son los números 6 y 7...masaje con sofá. Eso si que es un síntoma de que tu amiga es "hetero-curiosa".

8- Se emborracha con facilidad si tú estás cerca: de hecho alguna vez ha acudido a tu casa en tal estado de embriaguez y pone en práctica cualquiera de los puntos anteriores o ¿por qué no? todos los puntos anteriores a le vez. Ríe alto, maldice al idiota de turno, llora, pide consuelo, se duerme en tu sofá, despierta con ganas de un masaje... y pone a prueba tu integridad como amiga, como si necesitara todas esas situaciones que le confirmen que "eres lesbiana y te gusta", pero degraciadamente ella es hetero y adora el idiota de turno.

9-Te manda canciones románticas a primera hora de la mañana por mail para decirte lo mucho que le recuerdan a esa relación "tan" especial que tenéis en la que ella confía plenamente en ti, más que ne cualquier persona. Pero realmente sigue esperando a que aparezca aquel príncipe azul que la rescate de toda esta idiotez masculina que la rodea. Te comenta que si existiera un hombre con tu cerebro ella sería taaaan feliz.

10- Te confiesa que le encantaría "probar" con una chica, son tan cariñosas y suaves...y ¿qué más da que tú seas una chica? Quizás ella no sea capaz de atar ambos cabos, si además, tampoco es que tú quieras ser como una de esas muestras de degustación de los nuevos productos en los centros comerciales...igual cuando has llegado a este punto, querida lectora, ya solo quieres sacarla fuera de tu sofá, de tu cama, de tu casa, sacar su escote de tu cara al abrazarla, en fin, olvidarte de ella, pero es que ella está programada para eso: llenar su ego con esa especie de deseo y enganche disfrazado de amistad.

Y bueno, ya puestos los puntos sobre el papel, estas letras os ayudarán a reconocerlas y a mantener esas distancias sin caer en la trampa. Son una especie complicada que merecería entradas y más entradas, pero de momento vamos a dejarlo aquí. Reconozco que la curiosidad es natural en la adolescencia en en ciertos momentos de la vida, pero si bien el ser humano crece, estas mujeres deberían aprender a ser más educadas, y si han pedido que les calienten la sopa, comérsela de una vez en lugar de darle vueltas. O sin más, seguir comiendo carne sin perturbar a la cocinera. Espero que os haya gustado ;)


Tú lo que necesitas es una buena...


Y salimos una noche a un local de ambiente, uno de esos lugares en los que no tienes que buscar una calle vacía para darle un beso a tu pareja. 100 % libre de nazis. Bailamos como siempre nos hubiera gustado en cualquier pub normal, con carantoñas y demás. La música alta y las bebida hace que aunque estés disfrutando de la noche de marcha quieras volver pronto a casa, pero esa es la gracia. Fingimos no conocernos un rato, me siento sobre la barra y entre risas, ponemos en práctica el juego del cortejo lésbico en un pub de ambiente. Bebemos un par de cervezas, nos echamos un par de copas en el cuerpo y reímos sin parar. "¿Vienes mucho por aquí?", "No mucho, la verdad, es mi primera vez". "Y ¿Fumas?", "No, la verdad es que no." "Pues ya me he quedado sin excusa para ligar contigo". Algunas somos más originales que otras, aunque realmente hay de todo. Nunca tuve la oportunidad de probar el salir una noche y hacer un estudio, pero lo cierto es que llevo algunos años observando al género masculino haciendo alarde de su propia inventiva y originalidad para que acabes en la parte de atrás de su coche o en su casa. 

Después de un día de trabajo y cansancio, aún me quedaba chispa en los ojos para ella. Cuando de pronto se nos acerca un hombre a preguntar por ella "¿Vienes mucho por aquí?" (mi mente veloz responde es su fuero interno, "si vengo mucho por aquí, créeme, que no me interesas TÚ"). Pero decido ir al baño y esperar que Ella se quite al pesado de encima y cuál es mi sorpresa cuando de vuelva a la barra el señor sigue intentándolo. Luego asalta a mi novia a preguntas acerca de si estoy sola. "No, hombre, no. ¿No has visto cómo le comía la boca ahí detrás?" dices mientras señalas la zona de baile. Eso debería haber espantado a cualquier pesado de turno de noche y de barra, pero no, éste es más insistente. Me asombro ante su esperanza y su paciencia. Pues aunque le hemos soltado varias contestaciones directas no, directísimas (del tipo de "no, verás, no tienes tetas, así que no nos interesas"), se pone a divagar acerca de lo bonitas que son las mujeres. "Si a mi también me gustan, yo os entiendo". Y él sigue con su tesis doctoral etílica acerca de las féminas y aunque nos pongamos feminazis no se va. Insiste, las dos somos muy guapas, dice. Y entonces llega el gran momento de la noche: "¿Pero cómo sabéis que no os gustan los hombres si no los habéis probado?"

Nuestras caras son un poema al escuchar tal estereotipado comentario. Mi novia saca la foto de nuestro hijo de la cartera y le explica que no es un milagro de la ciencia. Le explicamos que ambas tenemos un laaargo pasado hetero. Y entonces llega el segundo momento grande de la noche, cuando me mira a la cara y afirma con mucha convicción: "Tú lo que necesitas es una buena...". Me llevan los mil demonios y pienso en qué panacea se estará perdiendo la humanidad, si todos los problemas de sexualidad se resolvieran con el miembro viril de este espécimen (además calvo) de la naturaleza. Nunca pensé que viviría este momento, donde resolverían para siempre, y curarían mi enfermedad de bollerismo con un simple pene. Me cogí a mi chica de la mano a continuar con nuestra noche, pero realmente lo que me hubiera gustado hacer es llamar a toda mi familia, esta que ha decidido que estoy enferma, y ponerla en contacto con un hombre que es tan inteligente que se va a ligar con mujeres a un pub para lesbianas y decirles que ya hemos encontrado la cura. Semejante facilidad para resolver el problema y yo que había estado tan ciega durante todos estos años... ahí estaba él, ofreciéndose gentilmente y yo tan estúpida. 

Así que, desgraciadamente, aunque estas generosas personas escasean, yo tuve la suerte de encontrarme con él para ayudarme a escribir una de esas miles de situaciones absolutamente estereotipadas para contárosla aquí, en la manzana. Espero que al menos hayáis pasado un buen rato... :) y recordad, "toda lesbiana necesita un buen pene para seguir viviendo...al menos si se quiere curar".

lunes, 25 de junio de 2012

normalidad



Se abre el telón y aparece una pequeña Sheikah de quince años hablando con una amiga. La pequeña Sheikah se sonroja, pues la amiga ha sonreído y ella no para de mirar sus labios embobada, con el vaivén de su conversación, de la que hace ya tiempo se ha perdido. Aquella noche duermen juntas y ninguna de las dos puede pegar ojo, Sheikah mira al techo y se pregunta por qué decidió fijarse en la forma de su cara y el aleteo de sus pestañas en lugar de los líos del tío que le gusta a su amiga. Hecha un lío, con un sentimiento de culpa y una pizca de auto repulsión por plantearse plantarle un beso y secarle las lágrimas su amiga y ya de paso salirse de lo establecido por la sociedad. ¿Qué ha pasado? ¿En qué momento se me escapó que me gustaban las chicas? 

Diez años después, con mi mujer al lado viendo la tele, el niño acostado y metida en estas redes sociales, ya vamos haciendo entrar en razón a mi madre, que hasta nos ha invitado a comer a casa un par de veces...habla conmigo en un tono acalorado. Alardea de "lo bien que llevo lo tuyo" y me echa en cara varias cosas sin mucho sentido entre las cuales se queja de que no la informé nunca de mi interés por las mujeres. Con el cabreo del momento suelto el portátil y me levanto, con todo mi temperamento, hablándole al aire como si mi madre estuviera allí: "Sí claro! te tenía que haber informado de las primeras tetas en las que me fijé! haber llegado a casa y dar parte a las autoridades pertinentes!". Mi chica se queda alucinada y, conociendo el tema, me pregunta "¿qué te ha dicho tu madre?"

Si bien un adolescente nunca de por si informa de su despertar sexual, de la índole que sea, por contexto social, oye, que en algunas culturas hasta se celebra la menstruación y hasta la primera polución nocturna de un chico, pero lo miremos por donde lo miremos no es el caso de nuestra sociedad española post-franquista. ¿Cómo demonios va un adolescente a comentarle a sus padres que se ha interesado por una persona de su mismo sexo? y concretamente con mi madre, que por montar una cena en casa e invitar a unos amigos a dormir terminó gritando por el pasillo de casa como una histérica"¡Cama redonda! ¡Mi hija se ha montado una cama redonda!" ...sí, mamá, ya quisiera yo, si solo cenamos unas pizzas y vimos una película...anda que.

Sinceramente, no me imagino a mi hermano llegando a casa con la buena nueva a la hora de comer anunciándolo: "Madre, padre, hermana, me gustan las chicas, las miro y me parecen atractivas". Quizás ese hubiera sido mi momento de saltar "Y a mi también, lo confieso. Aunque he dedir que también me gustan algunos chicos...soy bisexual. Pero no os preocupéis que no soy una degenerada que se acuesta con todo lo que se menea" Si, amigos, eso sería lo correcto, anunciar la heterosexualidad, la homosexualidad, la pansexualidad y cualquier tipo de orentación mientras Angels Barceló nos habla del gobierno a la hora de comer. Y luego los deportes y el fútbol, para que todos estemos contentos después.

Pero volvamos al momento actual, en el que una invitación a comer a casa de tus padres debe ser agradecida como si la Merkel decidiera perdonarle la deuda a los países "pobres". Casi como un acto de caridad, donde le muestras a las vecinas lo bien que "llevo lo de mi hija". Cuando invitar a comer a tu hija debería ser un acto de acercamiento y cariño, un puente hacia la pareja de el ser que salió de ti. Pero no siempre es facil escoger el camino del amor y los bueno actos, aquellos sinceros. Realmente no importa, al final todos son iguales, tanto el ex que te dice que "lo tolera", como los amigos que te dicen "esto no lo entiendo", como el jefe de turno que te despide porque "tu rendimiento ha bajado desde que sabemos lo tuyo". Seguiremos trabajando por la igualdad, así que en mi próxima vida, tanto si salgo homosexual, como heterosexual, he decidido anunciarlo para evitarme problemas y dolores de cabeza futuros. 

domingo, 29 de abril de 2012

En la Universidad


La primavera florecía entre los árboles del paseo universitario, el polen entraba en los corazones revolucionados de profesores y alumnos de forma furtiva, enloqueciéndonos a todos con esa chispa que solo el preverano es capaz de despertar. Las ventanas estaban recubiertas con esas celosías de cemento que todos los filólogos y periodistas valencianos conocen. Y yo me encontraba en una de esas tediosas clases que bien saben los Dioses, por qué solo a mi me interesaba la hermeneútica y el círculo lingüístico de Praga. Escuchaba al profesor de Teoría de la Literatura, famoso en todo el Campus por su forma de desviarse del temario con tórridas aventuras y desventuras de su juventud. Así me encontraba cuando J.L. Halcó comenzó con su aleatorio "a mi me pone María Teresa Campos... tiene un puntito sado que me encanta..." pasando por su "pues yo me saqué el carné de conducir solo para salir a ver las estrellas con mis ligues..." y un "copien ustedes el siguiente esquema, que lo dejamos para el próximo día". A pesar de ser una de las clases más divertidas, gracias a este gran hombre, también era una de las más complicadas de aprobar, no solo por la materia, sino por que... no nos engañemos, todas las batallitas que sustituían las explicaciones hermeneúticas en si, dificultaban el entendimiento sin partirse los cuernos un par de horas en la biblioteca de los grandes pensadores literarios. Fue mi asignatura preferida, tanto que me esforzaba por no bajar del nueve en cada examen, en cada trabajo.

Aquella mañana anunció que haríamos un trabajo en grupo y yo, como siempre, estaba sentada al lado de alguien a quien conocía muy poco. La chica era un poquito estrambótica, vestía siempre colores llamativos y me pedía los apuntes a menudo, sentí que era la estudiante que no se preocupaba demasiado en saber qué estaba haciendo, sino en memorizar cada coma y punto y vomitarlo el día del examen para volver a salir de fiesta otro jueves. Se me acercó y mientras Halcó nombraba los temas disponibles para exponer delante de la clase y me dijo que no conocía a nadie más y que si por favor podía trabajar conmigo. Le dije que si, temiéndome que otra vez caería en cargarme con toda la responsabilidad del mismo para que saliera perfecto. Cuando terminamos la clase decidí que sería un buen comienzo  tomarse un café con ella, saber quien era y todas esas cosas. Escogimos el tema que yo decidí, pues ella aseguró que no tenía ni idea: Platón y su visión de la literatura. Carmen, que así se llamaba mi compañera, terminó hablándome de mil cosas en el café, pero me pareció simpática y algo alocada, me gustó la forma en la que perseguía a la gente que le gustaba, me confesó que estaba loquita por el chico del fondo de la clase de alemán y que se dedicaba a robarle bolígrafos y perseguirlo por los pasillos para ver si conseguía tener algo con él. Su razón principal era que estaba enamorada de James Blunt, su verdadero amor. Como éste era un cantautor británico y no la conocía, ella se conformaba con parecidos razonables que más tarde sustituiría con su verdadero amor. Nos reímos mucho y desde entonces gané una buena amiga.

Las semanas pasaban y yo me encargué, como suele sucederme, de casi toda la estructura del trabajo. Ella me pidió que hiciera el trabajo entero finalmente y el día de la exposición simplemente memorizaría todo, punto por punto, coma por coma, sin pensar muy bien lo que estaba diciendo. Eso hice, así que las horas que pasábamos en la biblioteca eran largas, pero las amenizábamos con algún que otro café. Y antes de que los lectores y lectoras piensen que esta es la típica historia de universitarias que termina en amor/orgía/ardiente relación en los baños, recordad que todo comenzó en primavera, momento en el que los ejércitos de feromonas hacen cola para aturdir hasta al más sensato estudiante. Y recordemos que se trata de Carmen, la mujer que perseguía al del fondo de clase de alemán. Todavía quedaban unas semanas para terminar, pero ella ya me había presentado a casi todos sus amigos, gente que no aparece mucho por clase pero que indudablemente reconoces por que son asiduos en la cafetería. Gente simpática que me trataba muy bien. Comenzaron a invitarme a sus partidas de ajedrez y aunque me descolocó un poco que Carmen acariciara los alfiles como si fueran pezones mientras me miraba y se reía lo demás era muy normal. Sus amigos eran muy amables conmigo y siempre me pasaban apuntes de otras asignaturas, hasta me prometieron suministro de contenido de exámenes para los años venideros.

Siempre he sido muy ingenua para saber a quién le gusto, lo más fácil era ponerme carteles de luces de neón, pero ella, definitivamente se saltó todos los semáforos. Estábamos ultimando después de clase, tres días por semana, cuando le dije que llevaba un bonito color en las uñas. Se dedicó a pasear sus uñas por mi pierna, preguntándome "¿así que te pone mi esmalte de uñas?". Cuando comenzó a gemir mientras lo hacía pensé que podía finalizar la broma y seguir con el trabajo. Continuamos con el trabajo y aquella semana me di cuenta de que me saludaba más gente de lo habitual, gente que no conocía ni había visto en mi vida. Me pregunté desde cuando era tan sociable y qué estaría pasando. Una de estas mañanas previas a la exposición me asltaron los amigos de Carmen en la cafetería: ¿Cómo estás? ¿Qué tal te va con Carmen?

-Pues... muy bien, la verdad, estoy muy contenta con ella. -contesté con calma. ´
-¡Qué bien! nos alegramos mucho por vosotras
-Si, la verdad es que nos ha costado un poco...y ya conocéis a Carmen, le cuesta mucho hacer las cosas... así que yo misma le he ido diciendo cómo hacerlo.
-Vaya, pareces una experta...
-No, para nada, pero me gusta mucho hacer bien las cosas...
-Se nota...a ella se la ve tan bien, la verdad
-Bueno, si sale bien es muy gratificante
-Sin duda. Vaya, de verdad que no sabíamos que te gustaban las chicas, de verdad que no te pega nada, es es más para las de filología catalana...
-¿Cómo? -musité yo atragantándome con el café
-¡Que por fin estás con Carmen y se os ve muy bien!
-Ahhh, yo estaba hablando del trabajo de...

Y sin pensármelo mucho me dirigí a las escaleras que comunicaban las aulas. Llegué medio exhausta a la cuarta planta y esperé a que Carmen saliera de su siguiente clase.

-¡Así que James Blunt!
-Sí, espérate ahí conmigo y le verás salir...
-Carmen ¿por qué tus amigos piensan que somos novias?
-¡Abrázame, no quiero que me vea él! -dijo abalanzándose a mi cuello, mientras el sustituto de James Blunt pasaba de largo

Me pregunté en qué momento mi vida universitaria se había convertido en un capítulo Yuri (=manga lésbico) y sin muchas ganas de gritar miré a Carmen, me reí y pensé "bueno, podría ser peor, al menos ahora tengo más amigos y muchos apuntes".

-Sigo sin entender por qué fingir que eres mi novia va a ayudarte a ligar con tu James, pero bueno...
-Sí, sí...ahora mírame el culo... eso solo para ver si tengo el pantalón manchado, ya sabes que soy una paranoica...

Le miré el pantalón con cara de pocos amigos y le dije que no tenía ni una sola mancha, como todos los días, exactamente igual. Comencé a pensar que sería cosa de las feromonas primaverales, pero en otoño, cuando se acercaba la hora de echar la matrícula de nuevo, recibía fiel su llamada para preguntarme en qué grupos estaba, con la consiguiente aparición de Carmen en todas mis clases. Y nunca pasó nada más con ella, fuimos muy buenas amigas durante esos años, pero sin duda, salí del armario con toda la facultad de filología sin ni siquiera saberlo...¡y todo gracias a ella!

domingo, 5 de febrero de 2012

Bandera blanca

Me hubiera encantado que esta entrada fuera de nuevo una tórrida brisa de verano, para hacer las delicias de los más exigentes, pero hay días en los que simplemente algunas queremos enredarnos en una sábana blanca por bandera, que nos defienda del mundanal ruido de las redes de araña que nos atrapan cada día. Así pues, hay días en los que las lágrimas invaden inesperadamente tus ojos, sin saber muy bien de dónde salieron, cuando las heridas ya parecían curadas. Una abre una ventanita y lee entre líneas, abre de nuevo y por más que espera la brisa de verano solo se encuentra con un gélido aliento siberiano. Y es que el océano es así, cuando las corrientes vienen encabritadas no pueden traer más que naufragios.

Menos mal que me quedaba una bandera blanca en la refugiarme, cuando ya me tenía por buscadora de tesoros, de los pedacitos que saltaron por todas partes, me encuentro con una última estocada. Y a volver a enfrentarse a las olas, a la tormenta, a las astillas de este barco que hace tiempo se cansó de madrugadas sin timón ni rumbo. Menos mal que todavía recuerdo cómo, mirando a las estrellas, aprendías a guiarte hasta perto seguro. Ahí arriba están mirándome, silenciosas hijas del universo, colgadas de las invisibles manos de la noche. Están hechas de mil colores y formas y hace tiempo que los Dioses escribieron en ellas el camino de vuelta. Hace tiempo que el Sol me cegó, que perdí la dirección, pues no hay mapa en él, ni cuentos encantados. Aquella estrella que nos ciega durante la mitad del tiempo y nos hace olvidar lo que siempre estuvo ahí, las benditas encrucijadas del cielo nocturno. Pero mi bandera blanca me arropa y me hace estremecer ante la idea de que perdí mi camino, el aliento con el que respiro. Y no hay castigo sin letras ni música, sino el consuelo de que nunca se marchó. Mi bandera blanca me hace de vela con la que navegar de noche y espera siempre paciente a que las lágrimas desaparezcan.

Y sé que de nuevo recuperaré mi esencia, mis palabras que nunca se fueron, la inspiración divina, más allá de las redes de araña. Solo es cuestión de esperar y redescubrir los pedacitos que el mar ha esparcido por la costa y regresar a tierra firme, a casa, donde todo sigue tal y como lo dejé. Donde soy Penélope y Ulises, completa y entera. Mis montañas me contarán que nunca se fueron, que guardan todas esas piedras preciosas que me cuidarán y repararán mis males, me acunarán y me preguntarán cómo fue mi viaje y llenarán mis espacios. Solo tengo que esperar a que la tempestad amaine, porque, como dicen por ahí, "si lloras por no ver el Sol, tus lágrimas no te dejarán ver las estrellas".

jueves, 2 de febrero de 2012

Una noche de Febrero


Quédate. Y finalmente me quedé, envuelta en el calor de sus brazos, mecida por las olas de sus sábanas. Me quedé, presa de un miedo que temía por la propia perfección de nuestros cuerpos volando al compás de sus gemidos. Cerró la puerta mirándome fijamente y después volvió a mis labios. Aquella locura sin nombre hacía que sus manos se apresuraran hacia las capas que me cubrían, como si mi cuerpo quisiera esconderse ante la evidencia de que no habría más piel que su pecho sobre el mio, ni verdad más verdadera que el corazón desbocado con el estallido del universo entre mis manos. Solté la pesada maleta, que se quejó por última vez aquella noche, cayéndo absolutamente muda al suelo. "Soy una dama de buenas formas, eso soy, una buena chica que toma el té a las cinco, como las niñas bien. Realmente no debería continar por ahí..." pero ¿quién sería capaz de decirles a mis manos que solataran su regalo más deseado? Reclamamos la cama como territorio propio, pero no sin que ella antes me liberara de todas mis capas, una a una. La chaqueta cayó también al suelo, inútil con tanto calor como telón de fondo y escenario, desvelando así mi cintura bajo un jersey de lana ajustado. Me hizo girar de deseo con el baile de mi bufanda, desenredándose de mi cuello. Pasó sus labios por el lóbulo de mi oreja y bajó rozando cada centímetro de mi cuello, ahora más sensible por haber pasado horas al abrigo de la cálida bufanda.

Y allí había estado horas atrás, sentada en la estación, escuchando el ir y el venir de tantas personas a mi alrededor. Yo no tendría a nadie esperando. Aquellos reencuentros de parejitas felices no estaban escritos en mi biografía. Así pues me limitaba a observarlos, invadida por una especie de agridulce sensación que camuflaba deliveradamente en curiosidad de escritora. Todo era escribible, las estaciones de trenes son fascinantes, fíjense en la perspectiva de este solitario banco, donde la escritora reposa ávida de amores que garabatear en su libreta. Y cómo entra la luz de la tarde creando ese bonito brillo en sus ojos enamorados. Y con la pluma firme en mis manos, una voz sonó detrás de mi. Su voz. Era ella, la que me había pedido que no me marchara. La misma que dos horas atrás se quedó clavada en la silla, sin fuerza para despedirse.

El jersey se deslizó por mi piel, dejándome desnuda a falta de la presencia de la ropa interior. y la dama perdió toda su credibilidad cuando, tras muy pasada la hora del té con pastas, descubrió su lencería francesa. Temblé mientras sus manos me dirigían hacia la cama. Me senté a su lado, inexperta y despidiéndome de la señorita británica. Fuera del cuarto ya llovía, no paraba. Y cada vez habían más ganas de unas velas que prendiéramos con el calor del deseo. El torrente de emociones se entremezcló con mis manos enredándose en su cuerpo. La cama navegaba ya sobre un océano de ropa desperdigada, con la maleta mirándonos de reojo, diciéndonos "creo que yo ya no me muevo de aquí". Me recosté a su lado esperando que sus manos alcanzasen el contorno de mis caderas y sin más me dejé a su merced, delirando ante unas caricias desconocidas pero tan famliares como esa sensación que no podía eludir. Y tras degustar con placer las delicias de su cuerpo, perdiéndose en el mío, decidí tomar el control de la situación. Sobre ella, tendida como una felina esperando a capturar a su presa, y como dicen, las gatas son capaces de ver en la oscuridad y hasta de moverse con toda agilidad.

De su cama, de la mía, de las noches en vela y aquella noche de febrero por las que le brindo estas letras. El sol se coló una vez más por la ventana, regaládole una panorámica de la gata ronroneando sobre tu pecho, que plácidmente dormía, cansada por las vuletas del destino. Sé que no me iré, porque no puedo vivir sin tí, no hay manera. Y como una ilusión, esto creció, arrastrando ríos de rencores, pues tú eres todo lo que puedo desear. Feliz noche cualquiera de un día de Febrero.

lunes, 9 de enero de 2012

La amiga exótica


Ana y yo estamos tumbadas en la cama, a punto de cerrar los ojos, con la modorra de las tantas de la madrugada. Sus manos cominenzan a deslizarse por mi cadera, despacio...mi boca se entreabre y dejo salir de ella un suspiro. Mi cuerpo se relaja y dejo que ella comience con las labores de costura, con bordados y pasamanería sobre mi pecho. Posa sus labios sobre mis orejas, besa cada rincón de mi cuello y me susurra: "Cielo, ¿sabes que algún día tus amigos te preguntarán qué hacemos en la cama?". La miro y levanto una ceja, me pongo a recordar esos momentos aislados, en los que una amiga determinada me pregunta cosas del estílo. "Cariño, eso ya ha pasado y no ha sido para tanto." Le respondo tranquila. "No, no, yo me refiero al grupo entero de tus amigos" contesta velozmente "ahora eres la amiga exótica, cuenta con que un día cualquiera, tomando café, todos tus amigos se pongan a hablar de sexo. Llegará tu turno y esperarán que digas algo, se te quedarán mirando..."

Vaya, pues qué disimulados. Aún recuerdo cuando se lo conté a uno de mis ex. Esto del cambio de preferencias sexuales. Bien era sabida mi salida del armario bisexual, pero bueno, todo el mundo hizo caso omiso, debe ser que hasta que no va en serio la cosa con alguien, no se lo plantean o hacen como estas locuras que te dan del estílo de "voy a aprender a bailar tango/hacer macramé/inserte aquí actividad absurda". Pasan unas semanas y lo olvidas, así que el resto de gente de tu entorno también. Además de la espontánea tolerancia de alguna que otra persona, que te da derecho a la existencia.


Así que después del shock vivido por algunas de mis amistades, la tolerancia de otras, me imagino la típica charla en el  bar de siempre, con los amigos de siempre, estos con los que has crecido. Mis amigas ya hablando de que quieren llevar al futuro niño al colegio bilingüe de turno, de las flores para la iglesia, del lugar del banquete, del cochecito del niño (si, aunque solo tienen 24 años!) y en algún momento, la conversación se reconducirá intencionadamente hacia terrenos escabrosos. Me imagino el momento incómodo de mi amiga Pepita de los Palotes diciendo "uf, no veas cómo me lo hace pasar Pepito en la cama. La otra noche me aguantó como un campeón". Juanita de la Jaulita dirá, en un alarde de hombría ajena:" Pues no veas la marcha que lleva Menganito, anoche me hizo llegar DOS VECES". El camarero se reirá, se girará a hacer como que sigue con lo suyo, mientras yo, pobre e indefensa lesbiana, trataré de dar un par de sorbos de mi café bombón, le daré unas vueltecitas con la cucharilla. Trataré de hacerme la loca y pensar en la crisis mundial o algo así. Cantaré mentalmente "lalalalala". Pero será inútil, porque cuando la última que alardee de sus experiencias sexuales me ceda el turno tendré que contarlo. La cara de "¿y qué cojones haces tú en la cama con tu novia?" será tan evidente que no podré ocultarlo por más tiempo. "Anoche fueron tres veces seguidas.". Caras de póker. Cejas levantadas. Ojos abiertos como los platos en los que reposan las tazas de café. Miro hacia mi taza, que está en un ángulo debajo de mis ojos. Debería mirar al suelo, pero sería evidente que, pese a mis tórridas aventras de la Manzana de Eva, soy algo tímida. "Y luego descansamos para seguir diez minutos después..." continuaría yo, en voz baja y mirando a la mesa, con voz de quien habla de salir a comprar el pan.

Seguramente me pedirían detalles, y la más atrevida me diría que de dónde he sacado a una mujer así. No, queridas, no la venden en supermercados ni tampoco se encarga en la teletienda de madrugada. Tampoco soy vendedora de tupper sex. Así que ciertamente, tras confirmar que al terminar la noche fueron como unas cinco o seis veces, ante la cara da asombro (y posible petición de mi número de teléfono) por parte del camarero, correremos un estúpido velo y se hará el silencio existencial. "Bueno, cariño" diría Juanita finalmente "parece que me equivoqué de acera...al menos debería haber probado." O quizás no.

"¿Sabes, vida mía?" le comento a mi chica tras imaginar la escena "Creo que no estoy preparada para que me pregunten algo así, mejor no volvamos por Sevilla una temporadita..." Después de todo, creo que no me apetece ser la amiga exótica. Al menos por ahora.