lunes, 9 de enero de 2012

La amiga exótica


Ana y yo estamos tumbadas en la cama, a punto de cerrar los ojos, con la modorra de las tantas de la madrugada. Sus manos cominenzan a deslizarse por mi cadera, despacio...mi boca se entreabre y dejo salir de ella un suspiro. Mi cuerpo se relaja y dejo que ella comience con las labores de costura, con bordados y pasamanería sobre mi pecho. Posa sus labios sobre mis orejas, besa cada rincón de mi cuello y me susurra: "Cielo, ¿sabes que algún día tus amigos te preguntarán qué hacemos en la cama?". La miro y levanto una ceja, me pongo a recordar esos momentos aislados, en los que una amiga determinada me pregunta cosas del estílo. "Cariño, eso ya ha pasado y no ha sido para tanto." Le respondo tranquila. "No, no, yo me refiero al grupo entero de tus amigos" contesta velozmente "ahora eres la amiga exótica, cuenta con que un día cualquiera, tomando café, todos tus amigos se pongan a hablar de sexo. Llegará tu turno y esperarán que digas algo, se te quedarán mirando..."

Vaya, pues qué disimulados. Aún recuerdo cuando se lo conté a uno de mis ex. Esto del cambio de preferencias sexuales. Bien era sabida mi salida del armario bisexual, pero bueno, todo el mundo hizo caso omiso, debe ser que hasta que no va en serio la cosa con alguien, no se lo plantean o hacen como estas locuras que te dan del estílo de "voy a aprender a bailar tango/hacer macramé/inserte aquí actividad absurda". Pasan unas semanas y lo olvidas, así que el resto de gente de tu entorno también. Además de la espontánea tolerancia de alguna que otra persona, que te da derecho a la existencia.


Así que después del shock vivido por algunas de mis amistades, la tolerancia de otras, me imagino la típica charla en el  bar de siempre, con los amigos de siempre, estos con los que has crecido. Mis amigas ya hablando de que quieren llevar al futuro niño al colegio bilingüe de turno, de las flores para la iglesia, del lugar del banquete, del cochecito del niño (si, aunque solo tienen 24 años!) y en algún momento, la conversación se reconducirá intencionadamente hacia terrenos escabrosos. Me imagino el momento incómodo de mi amiga Pepita de los Palotes diciendo "uf, no veas cómo me lo hace pasar Pepito en la cama. La otra noche me aguantó como un campeón". Juanita de la Jaulita dirá, en un alarde de hombría ajena:" Pues no veas la marcha que lleva Menganito, anoche me hizo llegar DOS VECES". El camarero se reirá, se girará a hacer como que sigue con lo suyo, mientras yo, pobre e indefensa lesbiana, trataré de dar un par de sorbos de mi café bombón, le daré unas vueltecitas con la cucharilla. Trataré de hacerme la loca y pensar en la crisis mundial o algo así. Cantaré mentalmente "lalalalala". Pero será inútil, porque cuando la última que alardee de sus experiencias sexuales me ceda el turno tendré que contarlo. La cara de "¿y qué cojones haces tú en la cama con tu novia?" será tan evidente que no podré ocultarlo por más tiempo. "Anoche fueron tres veces seguidas.". Caras de póker. Cejas levantadas. Ojos abiertos como los platos en los que reposan las tazas de café. Miro hacia mi taza, que está en un ángulo debajo de mis ojos. Debería mirar al suelo, pero sería evidente que, pese a mis tórridas aventras de la Manzana de Eva, soy algo tímida. "Y luego descansamos para seguir diez minutos después..." continuaría yo, en voz baja y mirando a la mesa, con voz de quien habla de salir a comprar el pan.

Seguramente me pedirían detalles, y la más atrevida me diría que de dónde he sacado a una mujer así. No, queridas, no la venden en supermercados ni tampoco se encarga en la teletienda de madrugada. Tampoco soy vendedora de tupper sex. Así que ciertamente, tras confirmar que al terminar la noche fueron como unas cinco o seis veces, ante la cara da asombro (y posible petición de mi número de teléfono) por parte del camarero, correremos un estúpido velo y se hará el silencio existencial. "Bueno, cariño" diría Juanita finalmente "parece que me equivoqué de acera...al menos debería haber probado." O quizás no.

"¿Sabes, vida mía?" le comento a mi chica tras imaginar la escena "Creo que no estoy preparada para que me pregunten algo así, mejor no volvamos por Sevilla una temporadita..." Después de todo, creo que no me apetece ser la amiga exótica. Al menos por ahora.