viernes, 31 de diciembre de 2010

feliz 2011!!!

Bueno, pequeños, comienzo el año entre letras, entre los besos y los brazos de la mujer que amo, entre fuego y tracas, así que desde aquí, pecadores devoradores de manzanas (beduinos, si seguís el desierto), os deseo que el 2011 sea mejor y más próspero que el año anterior, que podía cumplir vuestros deseos y fantasias y no os pirvéis de nada de nada. Yo tengo una manzana para vosotros ¿de qué color la queréis?

Un besoooo enorme!!!!!

jueves, 16 de diciembre de 2010

El lenguaje femenino


C.llega al trabajo tras semanas de insufribles campañas y horas extras. No tiene demasiadas motivaciones, de hecho siempre está quejándose del bajo sueldo y de la explotación. Pero hoy llega más animada, hoy está realmente con ganas de pisar la sala de personal. Dejará allí su chaqueta, hará volar su ondulada melena por encima del esa camiseta que ha elegido con tanto cuidado. Por que por fin, C. va a invitar a su compañera J. a tomar un café. Muy bien, ya tiene decididas las palabras. Será directo, claro, sin rodeos, pero sin mostrar demasiado interés, tan solo como se supone que las amigas se invitan a tomar café. Va de frente, saliendo de la sala de empleados, ya sin la chaqueta, y la mira y sonríe y...como ella está mirando hacia la puerta, ella decide esperar. "Quizás no sea el momento", se dice con impaciencia. Mejor esperar a que que J. le haga el típico comentario de "estás muy guapa hoy...". Aunque claro, después de verla resoplar por tercera vez y mirar al mostrador de la izquierda, mientras con la mano derecha se aparta un mechón de pelo de la cara...C. ya no sabe si es el mejor momento.

Aunque, quizás, lo que C. debería hacer es saludarla, sin más, ya que lleva como diez minutos frente a ella, mirando sus gestos sin llegar a atreverse a darle los buenos días. Sería un buen paso, sí. Bien, buena idea. C. da un paso firme. A J. se le acerca un cliente. Vaya. Se tira como quince minutos atendiendo a un tío que seguramente solo se estaba acercando a ella porque es monísima. Y porque hoy está guapa. Mucho. Además, no ha comprado nada. A C. le entran ganas de matar a cualquier tío que se le acerque a J. a menos de 10 metros a la redonda...no, no, no. Apenas se conocen. Solo con compañeras de trabajo. Vale, que se sonríen mucho. Y se miran, constantemente. Pero el primer paso es un café, una charla animada y quizás algún comentario del estilo "ostras, el otro día salí con mis amigos por el ambiente y me lo pasé genial... me entró una chica guapísima". Sí, de hecho ese va a ser el comentario perfecto mientras da un sorbo a su taza de café. Que ella esté felizmente casada no ayuda, de hecho ¿qué cuento de hadas ha acabado con un "y la mujer felizmente casada dejó a su marido para irse con una chica más joven y más pobre, de la estaba tremendamente enamorada"? 

Bueno, todos merecemos nuestro final feliz. C. la mira de nuevo y observa como J., a través de sus espesas pestañas la mira con descaro, con encanto, con picardía y deseo. Sí, es deseo eso que C. ha advertido en su mirada. Pero ¿y si se equivoca? No, no puede ser. Acaba de torcer la cabeza y girar el cuello. Se lleva el dedo índice a sus labios. Se muerde una uña. Mira nerviosa el reloj. Y esa caída de ojos de nuevo, como si todo el peso del mundo cayera sobre ella. Suspiros y más suspiros, que se funden entre los pasos de clientes que van y vienen, con el sonido de la calefacción y el hilo musical. Sin duda es el momento. Está sonando "it must have been love" de Roxette. Da un paso, ahora que la zona de su mostrador está despejada. Otro más. El corazón le va a dar un vuelco a C. "¿Oye, te apetece tomar un café?" se repite mentalmente, mientras piensa en lo fácil que es soltarlo sin más.

¡No! J. ha vuelto a resoplar. C. desvía su trayectoria y hace como que mira el precio del perfume más cercano a J. Y C. dice en voz alta, mientras su compañera la mira extrañada, "Por fin, por fin un precio asequible para esta botella tan...¡oh, mira, si además trae el body milk!" Cuando se quiere dar cuenta está mirando un lote de colonia Nenuco con un baberito y un patito de goma de regalo. J. trata de disimular el hecho de poner los ojos en blanco y sonreír para sí misma.

C. vuelve a su puesto de trabajo, mientras las miradas siguen su curso y su cauce. El cuento de colorín colorado aún no se ha acabado, y lo que C. no sabe es que J. lleva meses observando sus caras de agobio. Lleva midiendo cada uno de sus silencios como si ella misma fuera su propio metrónomo. Ha imaginado cientos de veces esa sonrisa despistada, esa melena agitarse al compás de cada una de sus caras de espanto cada vez que un tío le entra. Ha visto su complicidad silenciosa cuando una abuela agobiante se le acerca a joderle la mañana. Y cada vez que atraviesa la puerta del trabajo, cuando se pone los zapatos por la mañana al salir de casa, lo hace ilusionada, olvidando lo infelizmente casada que está. Soñando con mirar sus divertidos gestos de dulce torpeza y sus despistes cada día. J. no sabe si C. la mira igual, pero aquella mañana, con sus mejores tacones y la sonrisa mejor pintada, había decidido algo. Incluso con aquel plasta que se tiró quince minutos para no comprar nada. Lo llevaba pensando nada más y nada menos que dos meses. Esa mañana, J. invitaría a C. a tomar un café.

martes, 7 de diciembre de 2010

Porque ellos heredarán mi reino



Ellos y no otros. Hoy me ha dado por echarle un vistazo a varios pasajes bíblicos en busca de las razones por las que la iglesia ha decidido que los homosexuales no heredarán su reino. Que vale, estaría muy bien heredar el piso de mis padres, que ni siquiera es totalmente de ellos, mide 50 metros y está para reformar. No voy a soñar con un reino entero a repartir con el resto de habitantes del planeta Tierra. ¿Y cómo es eso de que Dios va a dejarnos herencia? ¿Cuándo, el día de su propio juicio final? No me convence.

Pero aún así, y como la vivienda está cara, me he puesto a investigar. No os voy a contar nada nuevo, todos sabemos que el catolicismo condena respirar por la boca cuando se supone que se debe respirar por donde ellos dicen. Da igual que estés constipado, Dios lo condena. Y me recuerdo a mí misma, preguntándole al cura, mientras me confesaba con 7 años, que por qué tenía que ir al infierno por pegarle a mi hermano, si él me había metido antes el dedo en el ojo. "Pues pones el otro ojo, y dejas que siga". En el caso de una mujer comíendote una teta, que deduzco que es igual o más pecaminoso que pegarle a tu hermano ¿le pongo la otra? Es así como funcionan las cosas para ser una buena cristiana.

Matrimonios, otro tema estrella entre sus páginas desgastadas y mohosas. Un mujer para cada hombre (eso dicen en los Corintos), no debe ser de otra forma. Porque esto es lo correcto. No importa que el hombre sea un maltratador y un alcohólico, no importa mientras tenga unos cinco minutos semanales para confesarse con el cura de turno. Ni eso, tienen ese "vale por arrepentimiento" al final de tu vida con el que te abren las puertas del cielo sin más, aunque te hayas orinado en todos los mandamientos habidos y por haber.

En un culto en el que la palabra "Amor" está en venta, está metida en un cajón y necesita la aprobación del pastor, pues las ovejas no sueñan con andriodes, y mucho menos aman*. En un templo en el que mi amor no es válido y claro, tampoco aceptable, da igual que sea lo más elevado que he sentido nunca, de lo mismo que quiera dejar mi cuerpo y traspasar la piel. Da igual que me acerque cada día a mis dioses, a la esencia más alta. Que mi piel quiera morirse cada noche entre los brazos de mi compañera para renacer por la mañana y despertar a su lado. Seguramente sería más elevado estar con un hombre, aunque me degradara a la mínima potencia. Oh gracias, sacerdote, por abrirme los ojos y hacerme ver lo equivocado de mi amor en mayúsculas y femenino. Pues necesitaba heredar un reino, de más de 50 metros cuadrados, con vistas al infierno, para ver cómo arden las almas de todos aquellos que no entran en éstos parámetros. Eso sí, no me asomaría mucho, pues ver arder a tus amigos, tus grupos de música y escritores preferidos, por no hablar de magos y brujas, sería un poco triste. Así que, pensándolo bien, me quedo con mi vida incorrecta y fuera de clichés, conjugando el verbo amar en todos sus aspectos, pues si bien es cierto que los buenos cristianos heredarán el reino de Dios, los filólogos heredarán las palabras. Y me parece un premio mucho más elevado que un palacio de piedra que se cae a pedazos.

*Alusión directa a "Blade Runner", me permití un momento friki ^^

viernes, 3 de diciembre de 2010

Mamá, las verduras se cuecen enteras.


Y llego el fin de semana y mi madre se pone pesada. Acerca de cómo cortar los champiñones y demás inclemencias atmosféricas. Que si a láminas, que si en cuartos... y me imagina perdida entre las sábanas blancas de mi cuarto, con algún elemento del género masculino. Así que ese mismo fin de semana, mientras voy a cenar con mi santo padre y mi santa madre (y mi hermano de fiesta por ahí, claro) le da por llevarme al bar de unos amigos y decirme "Oh, mira, R" comenta mientras coge del brazo a un zagal con pintas de moderno y musculado muchacho "éste es Edgar, es el hijo de J. y P....estudia arquitectura" (guiño de ojo). Mi cara en ese momento expresa exasperación mal disimulada.

Sí, mamá, perfecto. Le faltan tetas, lo siento. Y le sobra el pene ¿qué le vamos a hacer? Vale, que ella me ha tachado de ligerita cascos... por tener sexo a la tierna edad de veinte años y con mi pareja estable de aquella época. Lo siento, es una manía que tengo, no querer llegar virgen al matrimonio. Y bueno, ya ves, cuándo estás con alguien te da por tocarle, no sé. Oh, vaya... quizás ahora debería tener miles de hijos. Así que mejor corramos un estúpido velo y hablemos de vegetales de nuevo. De cómo no hay que cortarlos. Pero bueno, ya pasado el trauma de que su pequeña niña tiene relaciones maritales (fuera de las nupcias y previas, todo sea dicho de paso), se le pasa la tontera y se plantea  que las tiene con una chica. Oups. Sí, ella tiene pechos, dos muy hermosos. Y su cerebro tiene dos mitades operativas. Hasta se viene de compras conmigo y opina acerca de la ropa. Suena la alarma. Ninoninonino. Entonces mi madre, que sospecha que su pobre hija se ha echado a perder por culpa de una malvada lesbiana, comienza a buscar con ojo avizor a todos y cada uno de los zagales musculados de 20 metros a la redonda, y si son los hijos de alguien conocido, mejor que mejor, que a la familia política más vale tenerla controlada. 

Me pido tranquilamente una tarta de queso de postre. Que los placeres hay que compartirlos con los seres queridos. Sí, soy capaz de comer tarta delante de mis santos padres, sin poder evitar poner los ojos en blanco y jadear de vez en cuando, cada vez que llevo una cucharada de deliciosa tarta a mi boca. No te jode, la niña va a empezar a revelarse, solo para demostrar lo pecaminosa que puede llegar a ser. Así que mi calenturienta mente decide poner a mover los engranajes de mi imaginación ¡Oh! ¡Por todos los santos y ángeles del coro celestial de Dios (puñetas)! ¡La niña está tomando postre! Seguro que se ha montado una cama redonda con cada uno de sus amigos y amigas, pensará mi madre. Y lo peor... es que hasta entonces no había pensado en las "amigas". Oh, eso abre un nuevo mundo de posiblidades puteriles en las que ella no había caído. Pues sí, madre, lo mejor de todo es que ahora no tengo que darte explicaciones de cuánto papel higiénico gasto en pro de tus sospechas de orgías en casa. Y mucho menos, la mujer que recorre cada centímetro de mi piel cada noche no me monta discusiones por la forma en la que corto las verduras, me deja cocerlas enteras. Aunque tú desearías la opción fácil, pero la vida no siempre es como a uno le gusta. ¡Además, yo no cuezo, enriquezco!