lunes, 21 de noviembre de 2011

¿San se acabó?


El baile de papelatas ha terminado. Reflexionamos, pasamos grandes nervios y finalmente... nos ahogaron las gaviotas. Ni que decir tiene que no soy una experta en política, ni pretendo serlo, de hecho me evadí del mundo durante unas horas para hacer algo más hermoso y constructivo con mi vida: escribirle a mi chica. Bueno, pero tarde o temprano hay que salir de nuevo a la realidad y encontrarse con el azul, que camufla águilas y demás bestias nacionales que pretenden que nos suba patriotismo y el orgullo de ser español, intra venoso. 

Ya sabemos que a partir de ahora España es una, católica, apostólica, hetero y sin derecho al aborto. No soy activista, pero sé lo que no quiero. Recuerdo todavía con ilusión y añoranza mis años universitarios, cuando una buena mañana, después de muchas notícias e incertidumbre llegó en portada un beso: el primer matrimonio gay en España. En filología hay una gran comunidad de personas homosexuales, que ya lo decía mi madre, mi padre y mi hermano: "deja de juntarte con esos, que acabarás rarita, hija". Y sinceramente, cuando miras más allá de la condición sexual, la apariencia y no juzgas, eres capaz de vivir como yo vivo, siendo lo que soy, desarrollándome como persona plenamente, con derecho a amar a quien amo. Pero volviendo a aquella cafetería de filología, entre risas, tercios, cafés y periódicos. Irrumpió uno de mis mejores amigos de la época con la portada del 20minutos en mano. Se quitó la chaqueta sonriendo y se sentó. "Ya hay fotos del primer matrimonio homosexual". Cuando España más que de izquierdas era socialista descafeinada, como mi profesora de historia decía, nos alegramos y celebramos con otra ronda la notícia. Me recuerdo entre las caras alegres de mis compañeros, cuando aún me contaba entre los hetero abiertos de mente. Aquella mañana, por primera vez en muchos años me sentí orgullosa de mi país, por lo acanzado y libre que parecía en aquel entonces. Por que se puso por delante de muchos países, porque para tal y como estaba todo años atrás, aquel fue un paso grande que muchos decían, no estábamos preparados para dar. Pero el caso es que todavía conservo la portada de aquel 20minutos (no exactamente aquel, pues mi madre me lo tiró, pero eso es otra historia) que nos hizo brindar en la cafetería de la Facultad.

Esta mañana todos nos hemos levantado sumidos en la incertidumbre. La confusión de "¿qué va a pasar ahora?" de muchas cosas, incertidumbre por la educación de nuestros hijos, si tendremos derecho a la sanidad, si los empresarios van a volver a poseer un latifundio en lugar de una compañía familiar. Pero a mi se me despiertan las dudas siguientes: ¿qué van a hacer con el matrimonio homosexual? ¿vamos a tener que definirnos de otra forma?¿tendremos derecho a adoptar?¿podremos pasear públicamente sin miedo a que un derechista nos parta la cara? Interrogantes que me asaltan sabiendo que aunque no puedan borrar nuestros derechos del mapa, el deseo de esta ideología que inunda el país será hacer como que no existimos o declarar lo poco constitucionales que somos.

Mis ilusiones de aquella mañana en la Uni ser quebrarán, o dormirán esperando un cambio que hasta dentro de unos años ni siquiera llegue. Pero mientras exista gente que se ame libremente aún por debajo de esta dictadura disfrazada de democracia, podremos seguir respirando. Aunque sea por dabajo de las sábanas de la represión social. Aunque nos arrebaten derechos, aunque se retroceda a la era de las cavernas, a la época de cantar himnos en las escuelas, aunque derepente tenga que clausurar la manzana (espero que no lleguemos a esos extremos), aquí seguiremos luchando. Seguiré escribiendo sobre el amor y la liberación sexual de las mujeres, le pese a quien le pese. Porque ahora que las gaviotas nos acechan, debemos volar más alto que nunca, así sea con las letras...con estas armas, desde la manzana quiero desearos una buena mañana y pediros que sigaís defendiendo vuestros ideales, pues solo así conseguiremos un cambio.

domingo, 9 de octubre de 2011

Esa sutil diferencia

Aún a riesgo de enemistarme con todos los hombre del planeta, he decidido publicar esta entrada. Lleva mucho tiempo dándome vueltas en la cabeza, básicamente es una recopilación de varios chistes malos y quejas de algunas amigas (y alguna que otra mía) acerca de los hombres. Me complace decir que NO TODOS sois así, así que antes de odiarme y llamarme feminazi, tomaos esto con humor y puede que como una guia de todo lo que NO hay que hacer. Tengo que darle las gracias a todas las chicas que me han ayudado a escribir esto y como siempre, a mi chica. Os quiero.



Cae la madrugada del sábado y Rosa espera impaciente aquel momento. Su pelo cae sobre su espalda desnuda, cual ninfa provocativa cerca de un hermoso lago. Las sábanas de la cama de su novio, blancas como el más casto camastro de hospital, le cubren la mitad del cuerpo y suben y bajan al compás de su respiación. Roberto la mira con avidez desde la puerta de la habitación y visualiza cada poro de su piel en contacto con su novia. Llevan deseándolo cada día de la semana. Han esperado impacientes hasta aquel preciso momento, en el que los relojes deberían pararse, los vecinos deberían dormir plácidamente, para no asistir al concierto gratuito y los padres del niño deberían estar en el pueblo. Les espera una noche de pasión acompañada por grandes dosis de insomnio.

Esa misma madrugada, mientras la casa se queda en calma y la persiana deja que la luna pinte de plata el cuerpo de Marta, Alicia despide al último de los invitados. Con un terrible dolor de cabeza, Marta se ha tendido sobre las sábanas tan violetas como la versión más provocativa de la lencería francesa de su novia. Alicia entra con cuidado en la habitación, cuidándose de no hacer mucho ruido. Un giro de pomo por aquí. Un par de pasos por allá. Y por fin siente la piel de su amada entre sus brazos. Descansa tranquila, respira profundamente. Sin ninguna malicia, Alicia observa el pijama de Marta. Corto y veraniego, eso si. Pero pijama, al fin y al cabo. Eso vendría a significar "cariño, me duele la cabeza de verdad."

Mientras, la noche de Roberto se presenta más animada. Contemplando a su chica, Roberto ha tenido la genia idea de desnudarse en dos pico segundos en el mismo umbral de la puerta. ¿Para qué perder tiempo en esto? Rosa se convence a si misma de que hubiera sido estupendo un poco más de coqueteo inicial, pero no se queja, esto le demuestra aún más lo manifiesto del deseo de Roberto. Por fin juntos, piel con piel, conrazón con corazón y boca con ...cuello. Si bien es cierto que las manos de Roberto son más veloces que los mecánicos de Ferrari en Boxes, pero Rosa no se queja. Reafirma pues sus ganas de que suceda ese encuentro.

Desde los preliminares de la habitación de Rosa y Roberto, Alicia, que sin querer ni saber muy bien cómo ha sucedido aquello, se encuentra jugando con la cintita del escote del pijama de Marta. Muy despacito, por si se despierta. Recorre a besos cada centímetro del cuello de su chica, eso si, muy suavemente. Cuando sus dedos rozan la piel de su pecho, Marta comienza a reaccionar. "¿Esta noche también, cariño?" dice entre bostezos. Pero se despierta despacito, mientras su novia cubre a besos sus hombros. Mientras desliza sus manos por su ombligo, haciendo que Marta se retuerza con cada mínimo movimiento. Cada beso la va trayéndo más y más a la madrugada del sábado, cuando todos los invitados se han marchado y las noches de pocas horas de sueño posteriores pesan.

Rosa trata de poner cara de placer cuando Roberto, en su alarde de velocidad, baja hasta su pecho y comienza a realizar uno de sus más certeros e infalibles movimientos (ninguna chica se le ha quejado): "dar cera, pulir cera". Roberto es un experto en lo que le gusta a las mujeres y tras unos minutos de acertado movimiento pasa al clásico "amasando pan". Rosa arquea la espalda. Bien, eso significa que le gusta y que por fin puede pasar al resto de movimientos. Acerca su boca a su pezón derecho y decide usar sus dientes despacito. Se endurecen. Ambos. Pezones y demás, aunque en el primer caso no de placer. Rosa emite un ligero grito y se pergunta cuándo decirle que puede parar con esto. A los pocos minutos Rosa siente su pecho izquierdo huerfanito. Trata de acercárselo a Roberto a la cara, y puede que así quizás le distraiga y deje de mordisquearla...

Marta desliza el pijama de su chica sutilmente, desatando el pequeño lazo que adorna su camiseta. Después baja lentamente sus pantaones mientras besa su cuello, que va imprimiendo pequeños besos y carias desde el nacimiento de su cuello y hasta su escote. Los labios de Marta tiemblan sobre el pecho de Alicia. Despacio y suavemente, reorre el contorno de sus brazos con las manos, hasta llegar a su pecho. Con las manos, con la boca, Marta se vuelve loca sobre su novia. La chica se retuerce y se arrodila ante las manos expertas de su compañera, capaces de arrancarle un orgasmo del rincón menos sospechado. Baja sus manos por su cadera, deteniéendose en su viente, deleitándose en su cintura. Borda caricias con hilo de seda. se columpian en el deseo mutuo, que parece invadir la habitación a cada suspiro.

"Roberto, Roberto" dice Rosa a media voz. El joven recorre su cuerpo hasta llegar a sus caderas, donde se agarra con ambas manos, asiendo a su novia como si fuera el volante de su coche, como si tuviera que conducir a 300 por horas y no existiera un mañana. Baja su cabeza hacia abajo, mientras Rosa se pregunta por qué acabaron tan pronto los preliminares. Pero no, no acabaron. Roberto, directo a la recta de meta, pone sus manos en su novia. Busca el tan ansiado punto de placer femenino. Y decide llamar a la puerta. Timbre. Timbre. A Rosa se le pasa por la cabeza la canción de "tam tam, ¿quién es? soy yoooo, ¿qué vienes a buscar? a tiii". Bien, con hilo musical. Como nadie contesta decide llamar a la puerta con la lengua. Parece que Rosa disfruta más de aquell y se permite volar mientras Roberto se derrite en  su cuerpo. Todo marcha como la seda entonces, hasta que Roberto se dispone a mordisquear. Rosa le dice pues que ya está, llegó a la cumbre de su propio placer.

Marta y Alicia revolotean sobre las sábanas. Aunque se dejaron la ternura en el bolsillo del pantalón del pijama, la ya no tan adormilada Alicia utiliza sus expertas manos de costurera sobre la cintura de su chica. Baja para no perder detalle de las medidas que tiene quetomar de su talle. Repta como una serpiente hacia abajo, haciéndo de Marta se contonée sobre la misma música de su propio placer. Le pone la mano en los labios, no vaya a ser que se vuelvan a quejar los vecinos. Y en sus caderas explota el más febril deseo, que ya no puedo contener por más tiempo, desatando el impulso de Marta de subirse sobre Alicia. Su cuerpo bañado en la luz de luna se mueve al más delirante ritmo.
Roberto no puede dejar de desearlo. Su novia parece estar tan excitada como él, así que, sin mucha consulta, pasa al modo "albañil". Agujero que veo, agujero que tapo. Rosa debe reconocer que esta parte le gusta más, aunque si bien echa de menos algo más de delicadeza, pero todos sabemos cómo son los albañies... el sudor baña sus cuerpos, dejando una película irisada, testigo de su placer. Se mecen en el remolino imparable que les otorgan sus cuerpos. Un poco más deprisa y ambos están a punto de estallar. Roberto decide hacer honor a la ya mencionada velocidad y por fin da por terminado aquel baile. Rosa ve como el cuarteto de cuerda recoge sus bártulos y se larga con la música a otra parte. Roberto, cansado y exhausto, comenta lo maravillosa que ha sido la noche, mientras Rosa se pregunta si de verda está hablando de algo que ya terminó.

Marta gime de esa forma que tanto excita a Alicia, hasta que sus cuerpos estallan de deseo. Alicia se estremce emn los brazos de Marta y se funden en un abrazo. Definitivamente han cosido un buen vestido, finalizando cada parte a la vez. Ambas costureras están satisfechas con el resultado. Es la ventaja de conocer los materiales.

Roberto recoge la ternura y se va quedando dormido mientras Rosa está en sus brazos. Ella mira por la ventana, el reflejo de la noche aún joven. Juguetea con el pelo de su chico. ¡Qué dulces son los primeros amores! Estos en los que necesitas de los padres fuera. Se echa tanto de menos esto de sim... simplemente dormir, piensa Rosa. Así que con estos recuerdos y ánimos, la joven decide ponerse a contar alguún que otro animal mientras e va quedando dormida, disfrutando de los placeres de dormir con tu pareja.

Marta y Alicia, todavía fundidas en aquel abrazo, acarician sus cuerpos. Respiran fuerte, calmadas. Comenzarían a dormirse, pues el sueño les acecha pero costura y costura se adivina un nuevo vestido. Y como el vaivén de del hilo que penetra en el raso, vuelve a comenzar una nueva noche de esas en las que ambas coserán varias prendas.

domingo, 17 de julio de 2011

Atreverse


Amar es bonito, salen mariposas de colores del estómago, las manos se te van al cuerpo de la persona amada, los ojos parecen brillar con luz propia y los pies presentan una tendencia a pisar unas nubes que solo existen para la enamorada. Un gesto, una palabra del ser objeto de adoración es una ventana a la felicidad más absoluta, al séptimo cielo, allá donde el coro de ángeles celestiales cantan su nombre. SU NOMBRE. Al principio cuesta admitirlo, porque en el fondo sabes que esa cara de idiota morfinómana te delata. Así que después de la décima persona que te pregunta "¿quién es el afortunado?" respondes: "Es él". Embelesas el aire con tu descripción del objeto de tu devoción, lo presentas a papá y mamá, contándoles que es todo un caballero de los que acompañan a casa por las noches, echándote por encima su levita nada más salir de su coche. No admites una crítica de tu novio. Es un ser absolutamente per-fec-to. Y aunque solo sea así para ti, eso va a ser suficiente para todo el mundo. Amar es bonito, amar a veces es fácil.

Amar siempre trae miradas, gestos que solo perciben aquello que se quieren. Amar no siempre es fácil, sobre todo cuando tu pareja es de tu mismo sexo. O cuando te lleva quince años y es tu profesor. O cuando no es nada de lo socialmente aceptable para tus padres. O cuando el amor no es correspondido. En ese caso el amor no es fácil, aunque en ese caso su voz sigue llegándote desde el cielo y directa a tus oídos, cuando las manos se te escapan por la calle para coger sus manos, pero no puedes, bien por una de las causas ya citadas arriba o porque la homofobia es la enfermedad de moda entre todos tus vecinos. En esos casos amor es difícil y exige coraje, atrevimiento y un par de ovarios. Requiere que de verdad te plantees si las mariposas de tu estómago pueden atarse por lo convencionalmente correcto y lo establecido. Supone que valores hasta qué punto tus mariposas son rebeldes y aún cuando las agarres con todas tus fuerzas, saldrán volando hacia sus ojos. 

Mi vida ha estado bastante saturada de amores no correspondidos, amores difíciles porque el chico en cuestión era "mayor" o "rarito" o con poca capacidad para solucionar su propia vida laboral o simplemente no era arquitecto o notario. Pero cuando miras a los ojos a la persona que amas, aunque seas una acojonada de la vida, sacas fuerzas de donde no sabias que tenías. Te echas al campo de batalla a morir por tu amor, si hace falta, con su mirada por escudo y tu corazón como lanza. Aunque el ejército enemigo sea tu propio reflejo frente al espejo y seas capaz de decirte a ti misma: "bien, creo que soy lesbiana". Realmente esa es la lucha, la primera de todas las peleas sea frente al espejo, para tener cojones y valor para permitirte a AMAR.

El resto son las convencionalidades sociales que vendrán, padres, amigos, conocidos, preguntas incómodas de índole sexual. No, no me gustaría ser observada como un chimpancé del zoo, por muy exótico que resulte ser lesbiana. Mi vida sexual no sirve para saciar la curiosidad de gente aburrida. Gracias. Pero todo esto se funde con la nada, desaparece con la oscuridad de la noche entre los brazos de la persona que amas. Se evapora entre los besos, entre sus ojos, que brillan tanto que quemarían y deslumbrarían cualquier cualquier cualquier dificultad que se presentara. Los amores difíciles merecen la pena, de hecho son los mejores, hacen que cuando vuelvas del campo de batalla puedas levantar la cabeza orgullosa de no esconder a tu novia, de luchar por ella, de defenderla de toda crítica. Hacen que valores cada caricia, pues no puedes a veces exponerte públicamente. Hacen que cada cicatriz y herida de guerra valgan la pena, pues siempre te las van a curar sus besos. Esos son mis amores preferidos, los que van cuesta arriba y te hacen merecer lo que tienes. 

Este post va dirigido a todas las mujeres valientes que han amado de esta forma, que han tenido el valor suficiente de ponerse frente al espejo y reconocerse que se han enamorado, que saben que escogerán el camino difícil. A todas vosotras, mujeres valientes. Gracias.

jueves, 26 de mayo de 2011

Mi compañera :)

Bueno, chicos, pues tenemos una co-autora nueva en la manzana. Sigue pendiente el post de Sergio y mil borradores, pero tenemos una nueva escritora a la altura de la Manzana. Me complace mucho invitar a esta señorita a escribir, que es lo que mejor sabe hacer. Esperamos tus tórridas entradas. Te amo.

domingo, 8 de mayo de 2011

No, si yo eso lo tolero

Hace un tiempo hice una especie de concurso por facebook y mi querido amigo Sergio ganó una entrada en este blog. Como podéis comprobar, hace mucho tiempo que no actualizo, de veras, mi vida es a veces un poco surrealista, me gustaría hablar de ello alguna vez, pero como el contenido del blog pide otros temas, vamos a dejar esto para otros lugares. Así que, voy a publicar esta entrada con la promesa para Sergio de que seguirá la suya :P 



Son las siete de la tarde, he salido no hace mucho de mi última clase y el sol de la tarde se escapa entre las copas de los árboles del centro de la ciudad. Como siempre, llega tarde, para hacerse el interesante, aunque sé que se muere por verme después de tantos años. Un par de conversaciones telefónicas anuales han mantenido un pequeño hilo que nos hace recordar que en el pasado nos quisimos, aunque ahora mismo quede simplemente una amistad. Mi ex se sienta en la terraza de la cafetería donde yo misma estoy tomando mi capuccino. Está un poco más mayor, han pasado como ¿cinco años? no sé, pero su cara es tal como la recordaba, si bien tiene un semblante más serio, parece como si la vida le hubiera pintado alguna que otra línea de expresión, alguna canita que ya asoma por sus sienes...
-Hola, princesa-Comenta él, con el mismo tono de caballero andante que quiere protegerme de todo mal.
-Hola ¿qué tal?-le devuelvo el saludo y dos besos. Sonríe.

Siempre ese afán de proteger a la muñequita desvalida, de ponerla en una cajita de nácar y plata. Todos los chicos, uno a uno, repitiendo patrón. Quizás es que me ven inocente, que si, realmente lo soy. Quizás me vean pequeña, que en cierto modo, así es. O puede que simplemente sea algún tema de feromonas, pero de todos modos, nunca hasta ahora me habían contemplado en mi faceta de lo que también soy: una mujer. Lo que nadie entendió es que para buscar a la princesa, primero hay que amar a la mujer.

Una nube de recuerdos viene a mi mente, cuando Alberto pronuncia la palabra "princesa" y la veo a ella, salvándome de los dragones del retiro. Porque soy una princesa moderna, claro. Su manos siempre firmes, como mi apoyo y mi tierra sobre la que caminar. Así que aún ahora, no puedo evitar poner caras raras ante el "princesa" de Alberto. Pide su fanta de naranja. Él siempre tan sanito, bueno, las emociones fuertes no son lo suyo, ¿qué le vamos a hacer? Veremos cómo se toma la nueva noticia.

-Bueno, Alberto, ¿qué es de tu vida? -pregunto cuando el camarero le trae su bebida.
-Ya ves, pues como siempre, el trabajo y mi chica, sin muchos cambios.

Me hace un resumen de su última pelea con su chica, de s última pelea con su jefe, de su último problema con su padre. Bueno, las cosas no han cambiado tanto, por lo menos por su parte. Comienzo a hablar:

-Por mi parte, las cosas han cambiado bastante.
-¿Sigues con el chico aquel?
-Verás, ya no -digo con bastante seriedad
-¿Por qué? No era muy detallista ¿no?
-Bueno, ese no es el caso, ahora estoy con otra persona. Me hace muy feliz, ha sucedido todo muy rápido, pero la verdad es que estoy muy enamorada
-Será un buen chico ¿no? se portará bien contigo, espero
-Es una buena "chica". Y sí, se porta bien conmigo -respondo con calma

A medida que pasan los segundo, la cara de Alberto se va quedando inmóvil. El semblante palidece. Cuando por fin mueve los labios consigue articular alguna palabra. No entiendo por qué el trauma de algunas personas al decir que mi pareja es una chica.

-Pero no sabía que te gustaran esas cosas.
-No, generalmente me gustan los seres humanos, todavía no he probado a tener nada con animales o muebles. Soy así de sencilla, ya ves. -Alberto ya está acostumbrado a mi sentido del humor, así que levanta una ceja y me mira de nuevo, buscando alguna explicación
-Shei, ya sabes a qué me refiero. 
-Descuida, si mis preferencias cambian, te mantendré informado. Por si quieres ayudarme a buscarme un buen piano de cola que meter en la cama. Debe ser toda una experiencia
-Shei... -repite mientras recuerda mis bromas y se ríe de nuevo
-Si, pues también me gustan las chicas. Me gustan desde siempre, pero no había aparecido la adecuada, o no me di cuenta mientras salíamos, tenía diecisiete años, tampoco era momento de pensarlo. -digo con una sonrisa más calmada en la cara.
-Ah, si a mi me parece muy bien, yo todo eso lo tolero.

Por momentos mi expresión cambia y Alberto debe notarlo, pero él, con toda su buena voluntad, me dice que lo tolera. Oye, pues es un alivio, que tu ex tolere a las lesbianas y bisexuales. Creo que ahora, tanto yo, como mi chica, dormiremos más tranquilas. Realmente es toda una bendición que Alberto lo tolere, claro. Si por cada ex en el mundo que tolera a una lesbiana y su pareja tiene derecho a existir una relación entre las dos, estamos salvadas. Hay todo un mundo de ex ahí fuera, que necesitan conocer la noticia para dar su aprobación. De hecho, me parece la actitud más acertada, tolerarnos. Que estas cosas le parezcan bien a gente heterosexual y tradicional como él. Me alegra que la sociedad haya impuesto este chip en la gente, que gracias a los dioses, nos da derecho a existir.

Trato de calmarme, realmente no quiero discutir, el pobre no sabe hacerlo mejor. De hecho hasta estoy agradecida en cierto modo por el apoyo en la relación. Pero como último consejo, voy pensando de camino a casa, cuando ya hemos pagado la cuenta y Alberto ya se pierde por la puerta del autobús, amigos de la Manzana de Eva, si alguna chica os confiesa que mantiene una relación con otra, lo más sensato y lógico es decir eso de "no, no, si yo eso lo tolero". Eso nos dará derecho a seguir existiendo.

jueves, 27 de enero de 2011

El armario Espartano


Las mujeres en Esparta despedían a sus maridos dándoles su escudo y diciéndoles "vuelve con él o sobre él". A esta alturas de la película, la mujer mira con firmeza y sosteniendo cualquier emoción, cómo los hombres se alejan. Como se van en busca de la deseada muerte que tanta gloria y honor traerá. A morir por los suyos. Bien, pues me encontraba pensando en todas estas cosas aquella semana. La semana en la que decidí salir del armario. Un año de relación ya me parecía suficiente doble vida. Las llamadas y las preguntas incómodas tipo "¿y ya tienes novio?" "¿no quedas con nadie el fin de semana?" ya comenzaban a ser insistentes y cansinas. Total, ya estaba fuera con mi círculo de amigos más cercano días después, así que el círculo dejó de asfixiarme y comenzó a expandir su diámetro. Mis padres no tardarían mucho más en darse cuenta. Con abucheos y aplausos. Eso si, efectos dominó y demás.

Así que me puse a hablar con madres y amigas varias. Me aconsejaron, desde el punto de vista de las madres, que adornara, que ya parecía ser bastante "destrozahogares" (aunque bueno, ese sería más bien mi perro) como para ser directa y tajante. A ninguna madre le gusta escuchar que su hija lleva un año mintiéndole deliberadamente. Y menos cuando el teléfono se descuelga sin querer y escucha a tu chica llamarte "princesita". Cuando sucede una segunda y una tercera y ya no están llamándote "princesita" ni preparándote tartas de fresa, sino que te están diciendo "¡Cariño, que tetazas llevas hoy con esa camiseta!" ya deberías planteártelo. Así que me pasé semanas dándole vueltas. Imeginemos el prototipo de madre hiper-victimista con el tipo de hija pasota-independiente. Por más que trataba de equilibrar la ecuación, los cálculos no salían. "Bien, S." me dije a mí misma "si las espartanas podían despedir a sus maridos sin mover un músculo, tú puedes decirle a tu madre que eres lesbiana". No podía ser muy difícil. Tras horas de conversación con la luna de noche, amigas tecleando y demás, me acerco a la habitación donde se encontraba mi chica leyendo. Entro con semblante derrotado, con la cabeza agachada y medio encogida. Le pongo carita del gatito tierno de Shrek y me acurruco entre sus brazos. "¿Qué te pasa, amor?" me pregunta ella extrañada. "Se lo voy a decir" contesto entre sus brazos. Ella lo entiende al instante y me promete que estará allí cuando pase la tormenta. 

Salgo a la ventana de la cocina, aquella desde donde se ven las montañas.Cojo el móvil y marco. Total, si la cosa se pone chunga, siempre puedo tirarme. Son diez pisos, eso fulminaría a cualquiera. Bien, da tono. Por un momento canto victoria cuando nadie responde. Suspiro y pienso en la maravillosa idea de dejarlo para otro momento. Pero no, los hados hoy están de mi parte y mi madre decide devolverme la llamada, ya que estos malditos bolsos de Mary Popins hacen que se acabe el tono cuando ya lo ibas a coger. Dejo a un lado los instintos suicidas y respondo. "Hola, hija!" dice ella en tono jovial "aquí estaba con tu padre, cenando. Hoy nos ha dado por el marisco". Por un momento pienso en soltarle "Ya, mamá, de eso precisamente quería hablarte". Pero no, me resisto y decido pedirle que me llame cuando acabe la cena. Por que no se les atragante ni el marisco ni el postre. 

Cuelgo y me mentalizo. Tengo a toda la casa pendiente de mi. Tengo a medio grupo de reikistas enviándome energía positiva. Tengo a mi ex enviándome odio cada día por haberme hecho lesbiana, pero eso será otra entrada. Simplemente por contrarrestar las buenas intenciones del resto de amigos, claro. Así que pasa una hora (¿por qué el tiempo pasa tan rápido de pronto? mierda) y mi madre vuelve a llamar. Está súper feliz, llena de endorfinas post buffet-libre. No puede ir muy mal. Tras la típica conversación de toma de contacto, le pido que se aleje del salón de casa, donde se ecuentran mi padre, mi hermano y ya de paso mis perros. Todos juntos, en amor y compañía, escuchando mi declaración de intenciones. Me dice que no hace falta, que prefiere estar en el salón. Insisto y le digo que tengo algo que contarle. Reacciona y se va a la cocina. Pedirle que se siente me parecería surrealista, además de tan típico de las película americanas...así que me limito a hablarle:

S. "Mamá, tengo que decirte que estoy con alguien".
Madre de S. "¡Ahhh! ¡Hija, qué bien! ¿Y cuándo pensabas decírmelo? ¿Cómo se llama?" bombardeo de preguntas en modo metralleta.
S. "Se llama A."
Madre de S. "Pero... eso es no es nombre de chico" Silencio incómodo. Se prolonga el silencio incómodo. Y se prolonga más aún.
Llegado éste punto, cualquier hija cruel le habría contestado:"Muy bien, madre, veo que todavía razonas."
Así que, como buena hija no-cruel que soy, dejé pasar el espacio en blanco de la conversación hasta que ella reaccionó.
Madre de S. "Oh, vaya. No conocía ese faceta tuya." Más silencio en blanco "Pero bueno, no me sorprende."

La charla acaba de forma abrupta y tajante, no sin que antes mi madre me diga aquello de "no te olvides que tienes unos padres que te quieren", solo por el hecho de que ahora, con pareja y vida propia tengo menos tiempo para prestarle la atención que ella reclama. Y me pregunto si lo e "princesita" está justificado en mi caso o debería usar ese apelativo a partir de ahora con ella. Me pregunto cuántos meses tardaré en hablar de nuevo con ella.

Llego al salón de casa, me preguntan qué tal fue, el asunto pierde hierro y, el ingenio de A., que inspira la mayoría de estos posts, idea la camiseta que llevará en alguna cena navideña del año que viene. "Tu pequeña princesita es ahora mi zorrita", comenta mientras me pinta una sonrisa evasiva. Atrevido, pienso yo. 

Pero pasadas las bromas, me deslizo por la habitación a oscuras que me guarda cada noche. Como una mujer espartana, con la cabeza bien alta. Y veo como vuelvo a casa con las armas en la mano, con el escudo y la lanza. Los dejo en la puerta y me echo a dormir, mientras me doy cuenta de que me he dejado parte del corazón encima del escudo. Ese lo han recogido las muchas compañeras que fueron valientes antes que yo y lo han traído de nuevo a casa. Con el resto de mujer que queda de mi.

lunes, 10 de enero de 2011

¡Nos casamos!



Bueno, éste blog empezó siendo un espacio de mi propia feminidad, donde compartir mis vivencias como mujer que ama a otra mujer, con tintes feministas y subiditos de tono... pero me alegra mucho anunciar que ¡Nos casamos! Por lo civil y con traje ñoño (por lo menos yo). Puede que sea la locura de mi vida, pero bendita locura.

Hace dos días salí del armario con mis padres... aún no he escrito la historia de todo ello, prometo compartir esto también con vosotros. Prometo que os reireis conmigo de la situación. Pero hoy no quepo en mi de felicidad y no puedo para de mirar vestidos y demás...