jueves, 27 de enero de 2011

El armario Espartano


Las mujeres en Esparta despedían a sus maridos dándoles su escudo y diciéndoles "vuelve con él o sobre él". A esta alturas de la película, la mujer mira con firmeza y sosteniendo cualquier emoción, cómo los hombres se alejan. Como se van en busca de la deseada muerte que tanta gloria y honor traerá. A morir por los suyos. Bien, pues me encontraba pensando en todas estas cosas aquella semana. La semana en la que decidí salir del armario. Un año de relación ya me parecía suficiente doble vida. Las llamadas y las preguntas incómodas tipo "¿y ya tienes novio?" "¿no quedas con nadie el fin de semana?" ya comenzaban a ser insistentes y cansinas. Total, ya estaba fuera con mi círculo de amigos más cercano días después, así que el círculo dejó de asfixiarme y comenzó a expandir su diámetro. Mis padres no tardarían mucho más en darse cuenta. Con abucheos y aplausos. Eso si, efectos dominó y demás.

Así que me puse a hablar con madres y amigas varias. Me aconsejaron, desde el punto de vista de las madres, que adornara, que ya parecía ser bastante "destrozahogares" (aunque bueno, ese sería más bien mi perro) como para ser directa y tajante. A ninguna madre le gusta escuchar que su hija lleva un año mintiéndole deliberadamente. Y menos cuando el teléfono se descuelga sin querer y escucha a tu chica llamarte "princesita". Cuando sucede una segunda y una tercera y ya no están llamándote "princesita" ni preparándote tartas de fresa, sino que te están diciendo "¡Cariño, que tetazas llevas hoy con esa camiseta!" ya deberías planteártelo. Así que me pasé semanas dándole vueltas. Imeginemos el prototipo de madre hiper-victimista con el tipo de hija pasota-independiente. Por más que trataba de equilibrar la ecuación, los cálculos no salían. "Bien, S." me dije a mí misma "si las espartanas podían despedir a sus maridos sin mover un músculo, tú puedes decirle a tu madre que eres lesbiana". No podía ser muy difícil. Tras horas de conversación con la luna de noche, amigas tecleando y demás, me acerco a la habitación donde se encontraba mi chica leyendo. Entro con semblante derrotado, con la cabeza agachada y medio encogida. Le pongo carita del gatito tierno de Shrek y me acurruco entre sus brazos. "¿Qué te pasa, amor?" me pregunta ella extrañada. "Se lo voy a decir" contesto entre sus brazos. Ella lo entiende al instante y me promete que estará allí cuando pase la tormenta. 

Salgo a la ventana de la cocina, aquella desde donde se ven las montañas.Cojo el móvil y marco. Total, si la cosa se pone chunga, siempre puedo tirarme. Son diez pisos, eso fulminaría a cualquiera. Bien, da tono. Por un momento canto victoria cuando nadie responde. Suspiro y pienso en la maravillosa idea de dejarlo para otro momento. Pero no, los hados hoy están de mi parte y mi madre decide devolverme la llamada, ya que estos malditos bolsos de Mary Popins hacen que se acabe el tono cuando ya lo ibas a coger. Dejo a un lado los instintos suicidas y respondo. "Hola, hija!" dice ella en tono jovial "aquí estaba con tu padre, cenando. Hoy nos ha dado por el marisco". Por un momento pienso en soltarle "Ya, mamá, de eso precisamente quería hablarte". Pero no, me resisto y decido pedirle que me llame cuando acabe la cena. Por que no se les atragante ni el marisco ni el postre. 

Cuelgo y me mentalizo. Tengo a toda la casa pendiente de mi. Tengo a medio grupo de reikistas enviándome energía positiva. Tengo a mi ex enviándome odio cada día por haberme hecho lesbiana, pero eso será otra entrada. Simplemente por contrarrestar las buenas intenciones del resto de amigos, claro. Así que pasa una hora (¿por qué el tiempo pasa tan rápido de pronto? mierda) y mi madre vuelve a llamar. Está súper feliz, llena de endorfinas post buffet-libre. No puede ir muy mal. Tras la típica conversación de toma de contacto, le pido que se aleje del salón de casa, donde se ecuentran mi padre, mi hermano y ya de paso mis perros. Todos juntos, en amor y compañía, escuchando mi declaración de intenciones. Me dice que no hace falta, que prefiere estar en el salón. Insisto y le digo que tengo algo que contarle. Reacciona y se va a la cocina. Pedirle que se siente me parecería surrealista, además de tan típico de las película americanas...así que me limito a hablarle:

S. "Mamá, tengo que decirte que estoy con alguien".
Madre de S. "¡Ahhh! ¡Hija, qué bien! ¿Y cuándo pensabas decírmelo? ¿Cómo se llama?" bombardeo de preguntas en modo metralleta.
S. "Se llama A."
Madre de S. "Pero... eso es no es nombre de chico" Silencio incómodo. Se prolonga el silencio incómodo. Y se prolonga más aún.
Llegado éste punto, cualquier hija cruel le habría contestado:"Muy bien, madre, veo que todavía razonas."
Así que, como buena hija no-cruel que soy, dejé pasar el espacio en blanco de la conversación hasta que ella reaccionó.
Madre de S. "Oh, vaya. No conocía ese faceta tuya." Más silencio en blanco "Pero bueno, no me sorprende."

La charla acaba de forma abrupta y tajante, no sin que antes mi madre me diga aquello de "no te olvides que tienes unos padres que te quieren", solo por el hecho de que ahora, con pareja y vida propia tengo menos tiempo para prestarle la atención que ella reclama. Y me pregunto si lo e "princesita" está justificado en mi caso o debería usar ese apelativo a partir de ahora con ella. Me pregunto cuántos meses tardaré en hablar de nuevo con ella.

Llego al salón de casa, me preguntan qué tal fue, el asunto pierde hierro y, el ingenio de A., que inspira la mayoría de estos posts, idea la camiseta que llevará en alguna cena navideña del año que viene. "Tu pequeña princesita es ahora mi zorrita", comenta mientras me pinta una sonrisa evasiva. Atrevido, pienso yo. 

Pero pasadas las bromas, me deslizo por la habitación a oscuras que me guarda cada noche. Como una mujer espartana, con la cabeza bien alta. Y veo como vuelvo a casa con las armas en la mano, con el escudo y la lanza. Los dejo en la puerta y me echo a dormir, mientras me doy cuenta de que me he dejado parte del corazón encima del escudo. Ese lo han recogido las muchas compañeras que fueron valientes antes que yo y lo han traído de nuevo a casa. Con el resto de mujer que queda de mi.

lunes, 10 de enero de 2011

¡Nos casamos!



Bueno, éste blog empezó siendo un espacio de mi propia feminidad, donde compartir mis vivencias como mujer que ama a otra mujer, con tintes feministas y subiditos de tono... pero me alegra mucho anunciar que ¡Nos casamos! Por lo civil y con traje ñoño (por lo menos yo). Puede que sea la locura de mi vida, pero bendita locura.

Hace dos días salí del armario con mis padres... aún no he escrito la historia de todo ello, prometo compartir esto también con vosotros. Prometo que os reireis conmigo de la situación. Pero hoy no quepo en mi de felicidad y no puedo para de mirar vestidos y demás...