domingo, 11 de junio de 2017

Orgullosos



Todos hemos tenido emociones eonctradas con el día del orgullo gay. Hace unos años, cuando se aprobó la unión de parejas del mismo género en España sentí que el país estaba dando un paso de gigante hacia delante. Nunca fui fan del orgullo, creo que mucha gente tenía en la cabeza cabalgatas de plumas y cuero.

El momento en el que me declaraba abiertamente bisexual y era como decir ser heterosexual con un porcentaje oculto que "ya se me pasaría cuando encontrara al hombre correcto". Cuando dije que estaba con una mujer, que era mi pareja y que la cosa iba en serio... amigos y familia se echaron las manos a la cabeza con miedo. Vinieron años de rechazo, de sentir el vacío de personas que supuestamente me querían y un largo y tortuoso etcétera. Cuando la unión civil entre parejas del mismo sexo se aprobó, yo me alegré y guardé el recorte de prensa, inclusive aunque el tema ni siquera rozara a mi fantástica vida heterosexual.

Estuve en el orgullo en Madrid hace unos años y aunque me gustó, hasta entonces nunca había tenido que estar escondida de nadie y noté tanta diferencia. En cambio, en Atenas, las cosas son diferentes. Hay un mundo y una iglesia de diferencia. Para empezar, si una pareja quiere hacer una unión civil aquí tiene que pagar sus tasas por el trámite, que son unos cincuenta euros, mientras que una pareja del mismo sexo tiene que agar 450 más o menos. Parte de esos 450 euros son para las tasas, igual que una paraja heterosexual. Nosotros necesitamos llevar un abogado, por si las cosas van mal, su respectiva comisión y un poco de más por si hay que convencer a alguien. Aquí la iglesia ha dicho que si los cargos públicos o cualquier funcionario apoya la unión civil, la iglesia ortodoxa les maldice. Entonces además de todo eso, tienes que encontrar al funcionario adecuado. En resumen, hablamos de un país donde nuestros derechos están más o menos reconocidos, prefiero no hablar de otros lugares y sus condiciones.

En Atenas el día del orgullo, volviendo al tema, es un poco más familiar. Encuentras parejas más mayores, niños y colectivos que llevan toda la vida fingiendo que el niño tiene un papá separado, y un tío muy querido que vive con ellos. En España tenemos un poco más de libertad y creo que a veces nos olvidamos de muchos héroes anónimos que en su día a día han decidido dejar de mentir. El orgullo cobra un sentido especial para mí aquí. Cuando nos planteamos ir al orgullo el primer año, dijimos "pero cómo vamos a ir solas, si luego cuando salgamos a lo mejos hay un grupo ultraderecha esperandonos de camino a casa para matarnos a palos". Vivir con miedo es algo a lo que te acostumbras y cuando hay niños en juegos, se convierte en algo más vital aún. No nos engañemos, no vivimos en el tercer mundo, ni nos van pegando por las esquinas, al menos no a nosotras, pero mejor no le demos la posibilidad a la suerte.

Días como el el orgullo gay, en cualquier ciudad del mundo, y creo que es algo que no debemos olvidar, nos ayuda a buscar la fuerza necesaria para recordar de éste lado del mundo hay personas valientes que un día deciden llevar a su pareja a la cena de empresa, al recoger al colegio al niño o que simplemente ignoran las caras de asco cuando hablan de su pareja con el de al lado. En Atenas, salir y darse un beso en la calle cobra sentido. darle la mano a tu pareja en el centro es un momento de libertad que no tiene precio.

Y supongo que también podemos disfrutar de la música, de la purpurina y las plumas de colores ¿por qué no? El prisma está compuesto por un sinfín de colores y todos ellos son hermosos y viven dentro dedl mismo rayo de luz.