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Desayunando: de cómo dos mujeres se despiertan por las mañanas

Como parece ser que las entradas más picantes son las que más os gustan, allá voy... ¡luego no os quejéis!



Los rayos de sol se pelean con su melena por las mañanas, se enredan entre besos y caricias. "Buenos días". Hacen el esfuerzo de levantarse, dejan la costura para otro momento, pues el día comienza y como diría Shei "cariño, tenemos que hacer cosas". Una más marmota que la otra, más que nada porque a veces a alguna se le hace de día con el encaje de bolillos, abandonan la cama entre bostezos. Delante de la pantalla del ordenador Ana trabaja en su libro, mientras Shei se pone a hacer el desayuno para las dos. El olor a café de buena mañana siempre la ha despertado, mientras las tostadas se calientan, y antes de toparse con la rutina del mundo, Shei se permite columpiarse en sus deseos.

El azúcar se deshace en sus caderas, endulza cada centímetro de su piel. Al moverlo con la cucharilla, una espesa espuma dibuja el contorno de sus pechos. Del mismo color que sus pezones, color caramelo. Pero no, no es caramelo, solo café con leche. Mucho café con tres de azúcar, como a Ana le gusta. Shei prefiere un café un poco menos dulce, pero con más leche. Mientras el expreso va saliendo gota a gota, Shei se permite recordar la humedad de los labios de Ana la noche anterior. Gota a gota, va creciendo su deseo, mientras la miel de su boca se derrite en su memoria. El pan se calienta en la tostadora en unos minutos, tal y como la piel de de Shei la noche anterior se estremecía entre las manos de Ana.

Las tostadas están hechas. Ana las tomará con mantequilla, mientras que Shei las prefiere con aceite de oliva y sal. Un par de zumos de naranja también, "ésta marca no me convence", piensa Ana, cuando Shei trae en una bandeja las tostadas, el café, el zumo, la mantequilla, el aceite y la sal. Mientras Shei llega tan desnuda como la Diosa la trajo al mundo, Ana imagina que sobre la bandeja trae sus pechos, las tostadas, el café, el zumo, la mantequilla, el aceite y también... la sal. Con la bandeja sobre la mesa, Ana coge su tostada y extiende la mantequilla, mientras imagina que es Shei quien se recuesta sobre una tostada matutina, con sus pechos boca arriba y bien separados por el estado de gravedad del la situación. Desayunan en silencio, entre miradas de deseo, se mojan en el café, se derriten con la espuma del desayuno y recuerdan los baños a la luz de las velas, con el jabón que cubre la curva de sus caderas. Juegan a destapar su piel, disfrazada de espuma de ducha, de buena mañana y con la imaginación a flor de piel, entre sueños.

Se miran con complicidad, sin saber muy bien con qué fantasea la otra, cruzan sus miradas y se acercan poco a poco. Los sueños aún laten a flor de piel, y sus bocas se entreabren lentamente, mientras dejan escapar un par de suspiros prófugos. Dejan el café a medias, y sus labios se quedan a escasos milímetros. Las respiraciones entrecortadas acompasan sus latidos. Bum bum. El escalofrío que recorre la piel de Ana le pone el vello de punta. El aliento de Shei acaricia los labios de Ana, cálido. Le da los buenos días sin palabras. Se acarician la cara, despacio, mientras sus bocas arden en deseos de fundirse en un beso que no termina de atreverse a ser. La parte donde la espalda de Ana pierde su noble nombre nunca se le ha antojado tan deliciosa, y Shei recorre con sus dedos su piel como si extendiera su mermelada preferida. Ana decide comerse su clavícula mientras la hace retorcerse. Las tostadas miran asombradas, con ojos de mantequilla, a las supuestas depredadoras que iba a acabar con su vida. Dejan la mesa montada, con el desayuno, como un perfecto escenario de teatro del nuevo día que empieza. El atrezzo espera hasta dentro de un rato sobre la pequeña mesita del salón, mientras ana y Shei pasan a la acción de perderse de nuevo entre las sábanas. Y se deslizan hacia la habitación del cuarto de costura. Ésta vez a practicar sexo... cualquiera diría que dos mujeres solo pueden hacer encaje de bolillos.

Comentarios

  1. No me deja postear en Dos Serpientes, pero bueno... te lo dejo aquí:

    los mismos clavos, la misma cruz. los mismos clavos, el mismo ataúd.

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  2. Me encanta cómo escribes. Cualquiera de tus blogs es genial ^^

    ResponderEliminar
  3. Siempre es grato leerte linda... Besos e infinitas bendiciones :P

    PD: Finalmente mi pc me permitió pasar por aquí xD

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  4. mara: Gracias! :) otra sonrisa para ti.
    Vortx: Encantada de que me leas ^^
    Yer: Oh, finalmente te dejó tu pc leerme, Mejor, así dejaré de pensar que tu pc conspira contra mi. Besos!

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